Perú

Descubriendo Miculla

4904977

Perú: Miculla

De las pocas experiencias de viaje que he tenido, pocos han podido impactarme de tal manera, por la mística y lo hermoso del lugar, un lugar que no conocía, a pesar que queda en mi ciudad, y cuyo nombre es Miculla.


Temprano en la mañana era la hora ideal para partir, junto a mis compañeros, pues el viaje lo organizamos como parte de un curso de la Universidad. Nos encontramos a las 8 de la mañana para partir hacia aquel lugar. Entre conversaciones y bromas nos trepamos al Bus, cortesía del servicio de transporte de la Universidad, y veíamos en el camino los diversos paisajes de mi ciudad, entre desierto y verdor, en su mayoría proveniente de los maizales y plantíos de vid, que nos daba la idea de la primera parada antes de llegar a Miculla, parada que fue una experiencia agradable al paladar, pues el lugar conocido como “Vitivinícola Don Miguel”, ubicado en el Distrito de Pocollay de mi ciudad, ofrecía una diversa carta de vinos y piscos, que gustosamente probamos, y en nuestros paladares los sabores de ese dulce licor se mezclaban creando diferentes notas y gustos de un buen vino artesanal.

Volvimos al bus, y mientras éste avanzaba, poco a poco se disipaba el verdor y el desierto se imponía. A poco de llegar hicimos una segunda parada, y al igual que la primera, fue para deleitar nuestro paladar, pero ésta vez con un postre típico de mi ciudad, el delicioso “Pastel de Choclo”, pero para nuestra mala fortuna, no había, pero la gentil señora nos ofreció hacernos uno y tenerlo listo al regreso de nuestro viaje, a lo cual accedimos. Partimos de nuevo, ésta vez para llegar a nuestro verdadero destino. Una vez en la puerta del lugar, se empieza a sentir la mística del lugar, que en algún tiempo fue el hogar de antiguas culturas. Al entrar, luego de pagar el derecho de entrada, pudimos observar aquellas rocas en cuyas superficies estaban plasmadas imágenes que parecieran estar talladas o raspadas, que representaban a personas, animales, y costumbres de aquella gente antigua, que nos deja ver su vida diaria, como la caza de animales, sosteniendo báculos adornados con tocados, danzando y ejecutando instrumentos musicales, entre otras cosas.

Las cámaras fotográficas y los celulares no podrían describir las sensaciones de estar ahí presente, viendo aquellas piedras en vivo, pero aún así todos tomamos fotos para tener el recuerdo de la visita a ese lugar, a esos dibujos, que eran como un espejo de la cosmovisión de aquella gente, que te permitían volar con la imaginación hacia el pasado. Luego fuimos a un puente colgante que se encuentra en la zona, y lo cruzamos, con sentimientos encontrados, entre miedo y emoción, el tambalear de aquel puente puede desatar oleadas de adrenalina, pero por fortuna no fue tanto el tambalear. Nos dirigimos al lugar llamado “Calientes”, que es un lugar donde afluyen aguas termales, donde también se encuentra una piscina llena de aquellas aguas, cuya calor se siente incluso desde una distancia no tan cercana, a la que lamentablemente no pude entrar, pero de todas maneras está en mi lista de cosas por hacer. Luego de unas vueltas por el lugar, donde se encuentran restaurantes y pequeñas tiendas, nos dispusimos a regresar al bus, para regresar a la ciudad, no sin antes recoger el delicioso Pastel de Choclo que antes dejamos encargado a preparar.

Una vez más vi el paisaje del camino, que se tornó de desierto a verde en algunos puntos, hasta ver a lo lejos las casas, que eran señal que ya habíamos llegado a la ciudad.
El viaje fue algo espectacular e imposible de olvidar, que me hizo pensar en las maravillas que cada región tiene, pero también me di cuenta que, al igual que yo, muchas personas del mismo lugar no conocen dichas maravillas, por lo que creo es necesario un plan turístico mejor diseñado. Muy aparte de todo eso, la experiencia fue increíble, y no puedo dejar de invitar a cada persona a que visite esos lugares un fin de semana, acompañados por la familia o los amigos, que yo aseguro, la experiencia será grata.

ladyvilla19