Perú

Día 3

maxresdefault

Perú: Día 3

Día 3 – Arequipa

A la mañana siguiente partimos temprano a la plaza para reservar en alguna agencia un rafting el el río Chili que sabíamos comenzaba a las 11 am.  Si algo tienen los Peruanos es que buscan la oportunidad para hacer surgir su negocio (excepto los taxistas de Arequipa) y caminas por la plaza y tienes cada 10 metros un vendedor.  No deben aceptar inmediatamente un servicio por muy barato que les parezca.  Casi todos trabajan con los mismos operadores de buses de citytour o rafting pero por querer ganar más comisiones, los precios son diferentes.  Un vendedor nos ofreció el rafting por 75 soles (cada una) y había otro que nos los ofrecía a 60.

Bien.  Compramos el servicio y se suponía que nos pasarían a recoger una van a la misma agencia que nos vendió e servicio a las 09:45 am.  Era temprano, así que nos fuimos a hacer hora a la Catedral. Una sola palabra para definirla: ESPECTACULAR.  Es una de las catedrales más hermosas que he visto en mi vida.  Dos cúpulas, inmensa, pomposa, con un órgano (de viento) que te deja sin aliento.   El interior es imperdible.  En el exterior; había un pesebre gigante hecho en madera y decorado con presentes de los magos con los alimentos típicos de Perú.  Un lindo detalle.  En los atardeceres se ve realmente hermosa con la iluminación de la plaza.

Bueno, sólo recién pasado las 10 llegaron a recogernos, nos llevaron a una van que estaba estacionada cerca y sólo recién empezaron a recoger a los demás turistas que irían con nosotros a sus respectivos hostales.  O sea, podríamos haber esperado tranquilamente en el hotel… pero bueno.

Cusipata, el operador del rafting nos llevó a un lugar que ellos llamaban “depósito” para cambiarnos ropa; una casa media abandonada, donde guardaban los trajes de neopreno.  Los hombres debían debían cambiarse allí mismo, mientras a las mujeres nos dijeron que nos cambiáramos en otro cuarto cercano;  algo que alguna vez quiso ser un camarín y que no tenía ni cubículos, ni puertas en lo que parecían ser duchas para que los más pudorosos nos pudieramos cambiar ropa sin sentir vergüenza.  Era lo que había no más.  Nos cambiamos ropa y teníamos que volver a pasar por el mismo lugar donde estaban los hombres para poder salir del edificio, y los pobrecitos aún se encontraban desnudos, así que los vimos a poto pelado.  Inteligentes ellos, no dejaron que vieramos nada más para nuestro pesar .

Pero esto que en el momento fue jocoso, no debió serlo para ellos por más que se reían, seguro por la vergüenza… La culpa toda del operador Cusipata, que no contaba con un lugar decente donde sus Clientes pudieran cambiarse ropa.  Y no tenía que ver con el precio, porque pagando lo que fuera, el servicio era el mismo para todos.  Ojo.  Siempre cuando contraten un rafting, pregunten quién es el operador (el que finalmente entrega el servicio del rafting).

Luego nos subieron en la van para llegar al rio Chili.  Allí nos subieron a las balsas después de una deficiente inducción, confiándose en el hecho de que los cuatro que ibamos en ella, ya habíamos practicado rafting antes.  El guía fue de pesadilla.  Un tipo serio, sin sentido del humor, mandón y que no se conocía el río, porque encallamos en las piedras más de cinco veces y él se justificaba con que el río traía poca agua, pero a ninguno de los otros guías le pasó lo mismo.  Incluso en una oportunidad caímos de cola en un rápido porque no entregó los comandos adecuados para apuntalar bien la balsa antes de cruzarlo.  En otra, él mismo se cayó de la balsa (cosa que no le pasó a nadie más) y quedó atrapado entre la balsa y una pared de roca.  Si no lo sacabamos rápido, capaz que hasta se hubiera ahogado, digo yo.  Al menos esa fue la impresión que nos dio.

Los que ibamos en la balsa, bromeábamos por cualquier cosa y él nos hacía callar, no festejaba los chistes y no hablaba mucho, salvo para interrumpir nuestros relatos, en lugares en que el río era tranquilo y no era necesario remar.. . «¡Adelante! (remabamos una vez) ¡paren!…¡Adelante! (otra vez sólo una vez) ¡Paren!»… Pffff… Así, cualquiera se aburre, peh!

El río en verdad no traía mucha agua.  Uno de mis compañeros de rafting me dijo que no era la mejor época para practicarlo porque recién estaba comenzando la temporada de lluvias, así que la mejor época del año para disfrutarlo era en Abril.  Yo lo calificaría como de rápidos I y II y un par III.  Leeeeento, para niños.  El paisaje muy lindo sí… El río de aguas marrones, que no son de sedimento sino más bien de contaminación.  Una pena, porque no deberían tirar a uno de los pocos ríos importantes y bellos, los desechos industriales o de ningún tipo.

Todo lo rescatable del rafting se fue a la cresta, cuando al salir del rio vimos dos balsas apuntaladas como biombos.

-¡Cámbiense ahí!

Nos ordenó uno de los guías con rastas en la cabeza. «¿Cómo?» pensaba yo «¿No hay ni una caseta, una casuchita, nada para cambiarnos?»

¡No señor! Ni sueñen con una ducha para sacarse el agua contaminada, menos con una casucha con una puerta.  ¡A sacarse el traje y secarse lo que puedan, no máh y rápido, porque los Cusipata tienen otro rafting a las 14 hrs y no les importa que alguien les vea las pelotas!

¿Cómo no iban a tener unos biombos o una carpa más que sea para darnos algo de dignidad, por la cresta?

Operadores piojentos… Mientras yo me mordía la rabia, saltó de nuevo el de rastas y nos ordenó salir de detrás de las balsas y cambiarnos adentro de lo que parecía un baño de campo sin puertas, porque ya tenían que colocar las balsas en los remolques.

– ¡¡Se están demorando demasiado y nos tenemos que ir!!

– ¿Y qué quieren? -ladré- ¿si somos mujeres?

– ¡No, pero es que se están demorando mucho!

Contestó enojado, como si fuera dueño del fundo.  Yo no tenía dónde dejar el traje, así que lo tiré en la tierra y me paré sobre él para poder terminar de cambiarme de ropa sin embarrarme los pies, algo que le indignó al de rastas, pero estaba esperando que me dijera algo para tirarle los zapatos por la cara al tarado, ¿qué se había imagináo?

Así que no me pregunten con qué nota los evalué, porque los descargos los hice todos por escrito.  No imagino que puedan ser los dueños de Cusipata, porque yo no trataría así a mis Clientes y menos si el atraso es por mi propia culpa.

Ni aunque me llevaran gratis a Arequipa con todos los gastos pagados volvería hacer un rafting con los Cusipata.  No en esa condiciones.  Así que para mí, no es recomendable.  Si a pesar de todo los que les comenté, son aperrados y aún quieren realizarlo, bien por ustedes, pero ya están advertidos.  Puede que tengan mejor suerte que yo y les toque un guía amable y culto, porque el nuestro no tenía idea de nada.

Busquen sí, otro operador de rafting en lo posible, y luego me cuentan.

Al llegar a Arequipa, después de haber sido abandonados en la van por el chofer que se bajó de la van cerca de la plaza (era el destino) a comprar no sé qué, dejando que nos horneáramos con el calor inclemente de las 14 hrs, nos decidimos por no esperarlo y caminar para buscar un lugar donde almorzar y llegamos a los restaurantes que están en el segundo nivel de la plaza.

No tuvimos suerte ese día con la comida.  Se demoraron mucho y cuando trajeron los platos, muy vistosos y suculentos, mi lomo de alpaca no me gustó.  3 platos por casi 100 soles.  En general dicen que los restaurantes de la plaza no son muy buenos y lo comprobamos con uno “olvidable” porque no me recuerdo del nombre.  Sorry.

Everette