México

Conociendo Xochimilco

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México: Xochimilco

Durante las primeras semanas en que llegué a vivir al D.F. fui invitado a una fiesta de intercambio de la UNAM, en donde conocí a infinidad de gente, como podrán imaginar, la mayoría de ellos extranjeros. Fue durante esta fiesta cuando conocí a quienes se convertirían en mi segunda familia en esos largos seis meses que pasé viviendo solo en la capital. Con ellos emprendería los primeros y mejores viajes de toda mi vida hasta hoy.

Pero vayamos al grano. Esta fiesta terminó en una casa comunitaria, donde los 12 huéspedes (los mejores anfitriones que he tenido en un evento de tal magnitud) finalizaron la reunión anunciando la próxima visita para todos los intercambistas en la ciudad. La cita se hizo en los famosos canales de Xochimilco para pasar un buen rato navegando en las tradicionales trajineras de la zona.

Algunas personas llegamos más temprano de lo que se había acordado, pues quisimos dar una vuelta por la región antes de abordar las trajineras. La verdad es que Xochimilco es una zona bastante distinta del resto de la ciudad. Como se quiere conservar el patrimonio intacto, no se puede ver el mismo nivel de urbanización que en las otras delegaciones. Escasean los supermercados, unidades de transporte y edificios grandes. Pero abundan las casas modestas y tiendas pequeñas.

Cerca de las 2 de la tarde, aprovechamos a comer unas quesadillas fuera del embarcadero. Pasa algo muy gracioso con este platillo en el D.F. La palabra quesadilla viene de queso, y se refiere a una tortilla de maíz doblada por la mitad, con queso en su interior y lo que se le quiera añadir: champiñones, carne, flor de calabaza, etc. Pero en D.F. la gente entiende quesadilla como una tortilla de maíz doblada a la mitad con cualquier cosa en su interior, no necesariamente queso.

Así, pedí una quesadilla de champiñones y lo que recibí fue una tortilla con champiñones dentro. No había queso. Pregunté a la mesera ¿dónde estaba el queso? Y me dijo: “Oh, entonces ¿quieres una quesadilla de champiñones con queso? Bueno, así me lo hubieras dicho antes”. Así que si alguna vez visitan D.F. cuidado con eso, que puede ser bastante confuso (y tonto, la verdad).

Después de comer, fuimos juntos a comprar las bebidas para subir a la balsa. Nos sorprendimos cuando a las 20 personas que íbamos en bola se nos unieron otros 60 intercambistas más. Entonces se veía venir lo que esa fiesta se convertiría.

Las trajineras son embarcaciones de madera adornadas con pinturas coloridas, y todas llevan un nombre en el frente del techo. El cupo máximo son 20 personas, pues se acomodan alrededor de la mesa.

Cuando al fin todos logramos abordar una lancha, las 4 salieron juntas a navegar por los canales. Quisimos que todas permanecieran unidas durante el trayecto, pero los conductores no querían correr el riesgo de un choque. No quiero contarles lo detestable que hubiera sido caer al agua (parecía bastante sucia y olorosa, de un color verdoso que daba poca confianza). Aún así, una balsa iba remando al lado o al frente de la otra a la misma velocidad, por lo que las 4 pudieron avanzar de forma muy similar.

Cuál sorpresa se llevarían las personas que llegaron a las 3 de la tarde, cuando se dieron cuenta de que las bebidas alcohólicas y la comida no se incluían en el precio, y no se tomaron el tiempo de comprarlo antes.

Como era de esperarse, todos se acercaban a nuestra balsa con su vaso de plástico pidiendo un poco de alcohol para beber. Para ese entonces, nosotros ya habíamos abierto las botellas de tequila y las cervezas indio (de la marca más consumida en México… y no! no nos gusta mucho la Corona).
En un principio no queríamos darles de nuestra bebida, pues sabíamos que no alcanzaría para 80 personas <img src= . Pero todos éramos intercambistas y no podíamos ser malos con los chicos extranjeros que querían pasarla bien en sus primeros días en México. Así que accedimos, con algunas condiciones, que incluían un baile de salsa o reggaeton sobre la popa de nuestra trajinera <img src=

Es muy gracioso ver cómo los europeos, gringos o canadienses intentan mover las caderas al bailar, y poco tiempo después nos piden ayuda a los latinos para aprender los pasos de baile. Yo siempre les digo lo mismo: “No existen reglas, sólo siente la música”. Al menos, es lo que yo hago.

El recorrido en las trajineras dura aproximadamente 3 horas. Los paisajes no son tan magníficos como uno imaginaría. Como dije antes, el agua es bastante verdosa y sucia. A lo largo de la riviera se observan casas antiguas (algunas datan de la época colonial), árboles caídos y personas en su día a día. Aunque ese día a día incluye atender a los turistas que pasean en las lanchas, como venderles comida, bebidas, rentar bocinas para música y hasta mariachis).

Nosotros optamos por una bocina con un cable auxiliar para reproducir música bastante mexicana y darles a todos una pequeña muestra de cómo se festeja en México <img src=

Después de unos cuantos vasos, todos estábamos ebrios, y muchos saltaban de las trajineras a las tiendas ambulantes o en tierra para comprar más cerveza o tequila (los precios son bastante altos, pero a algunos borrachos no les importa mucho lo que se gasta cuando se están divirtiendo).

Por cierto, muchos me preguntaban la forma “correcta” o “mexicana” de beber el tequila. No creo que haya una forma correcta. En México solemos beberlo en shots, chupando un limón con sal antes y después del trago. O bien, para hacerlo mas suave, se prepara enpaloma, que es tequila con refresco de toronja, un poco de limón con sal en las orilas y hielo para refrescar.

Al final, perdimos un poco el miedo de que la balsa se hundiera, y cuando una se acercaba a la otra, la gente saltaba para hacer amistad en las demás trajineras. Nuestra barca era, quizá, la más solicitada, pues era el centro de abastecimiento. Varias veces rebasamos el número de tripulantes permitidos, y la barca se inclinaba, haciendo agua de uno de sus lados. Afortunadamente, la madera es bastante resistente y nuestro remador nos presionaba para desalojar un poco de gente. Fue una tarde bastante divertida para todos.

Xochimilco puede ser también un sitio familiar. Es común ver a grupos de familiares sentados en una trajinera celebrando un cumpleaños con un pastel o comiendo tamales de barbacoa.

Si ustedes quieren visitarlo, pueden hacerlo aunque no se encuentren en un grupo tan numeroso como el mío. Eso sí, el precio seguirá siendo el mismo y se tendrá que dividir entre el número de tripulantes (entre más sean, más barato será). Tampoco es necesario que se embriaguen hasta llenar sus zapatos de lodo verde como yo :big-grinB: . Pueden beber y comer sentados y tranquilos mientras escuchan los mariachis y observan la pintoresca riviera.

Pero deben estar dispuestos a ver pasar junto a ustedes barcas llenas de jóvenes perdiendo un poco de cordura mientras dan un paseo por los canales que Xochimilco dibuja en sí mismo. Debo decir que es una de las cosas que lo hacen tan famoso.

Checho