Bolivia

El silencioso desierto blanco

salar-de-uyuni

Bolivia: El silencioso desierto blanco

El Salar de Uyuni es, como su nombre lo indica, un gigantesco desierto de sal. Emplazado a 3600 metros de altura, el salar más grande del mundo es un vestigio de un antiguo mar, hoy en pleno altiplano boliviano.


En estación seca se muestra como una gran extensión blanca que llega hasta el horizonte.
En estación lluviosa, de diciembre a marzo, si se tiene la fortuna de encontrarlo inundado, el cielo se refleja en el agua generando un espectáculo maravilloso en donde la bóveda celeste se funde con el suelo.
Pagamos el tour en Uruguay a través de Internet, el servicio lo brindó la muy recomendable agencia Imperinca, que tiene sede en Villazón. Se pueden contratar varios tipos de tour, de 1 día o más, conociendo diferentes sitios aledaños al salar, además del propio desierto blanco. Nosotros preferimos pagar el tour de 1 día que incluía la visita a un viejo cementerio de trenes que antiguamente transportaba sal a distintas partes del territorio andino, y también el salar.
Es recomendable visitar las lagunas de colores. Para eso hay que pagar un tour de más cantidad de días. Nosotros descartamos hacerlo porque preferimos avanzar más rápido dado que el 4 de julio debíamos estar en Machu Picchu ya que las entradas -que deben gestionarse con antelación- tenían fecha de ingreso para ese día.
A bordo de una camioneta 4×4, salimos de la localidad de Uyuni hacia Colchani, un pequeño pueblo en donde los lugareños procesan la sal traída desde el salar, un museo de sal y el mercado donde se venden diferentes artesanías de este paraje.
Luego seguimos rumbo al salar y la isla Incahuasi o “isla del pescado”, lugar de antiguo descanso del Inca y su comitiva durante el paso por estas tierras. Hay cactus gigantes por todas partes.
Las características del entorno permiten jugar con las perspectivas y hacer unas fotos magníficas.
En medio del salar está el monumento del rally Dakar, íntegramente de sal. Esta famosa y exigente carrera del automovilismo internacional tuvo una etapa aquí a principios de este año.
La calma se impone en este yermo paraje y el silencio ensordece. Parado en la isla oteando el horizonte vasto y pálido, no se escucha absolutamente nada, y esa paz se rompe de pronto con el estruendo del motor de una camioneta que viene hacia nosotros a varios kilómetros de distancia.
Impresionados por la vivencia, me pareció escuchar a mi amigo decir: “en lugares así te das cuenta qué es el hombre el que está mal”. Asentí en silencio.

Fabio