Argentina

Desayuno en Jesús María (Córdoba), almuerzo en Frías (Santiago del Estero). Vislumbrando le primer parada: Simoca

frias

Argentina: Desayuno en Jesús María

Repostamos combustible en Jesùs Marìa, localidad calculada como la mitad del camino hasta Simoca. Comenzamos a respirar los primeros aires de provincia, notables por la demora en abrir negocios vitales a ese horario como desayunadores o bares. Luego de un par de amagues, viendo que eran medios tardìos, nos decidimos por el cafè de la misma estaciòn de servicio YPF, con sendas tazas de cafè con leche, tè, chocolates calientes , hicimos el primer corte del largo viaje.

Daba inicio mi cambio de escenario dado que si bien es segura la autopista de noche, tambièn es monòtona; de todas maneras por ser la primeras horas, pasaron ràpidamente. Con rumbo norte pleno, la cinta asfàltica regular penetraba entre lomadas pintorescamente adornadas con parejos cultivos de forraje. El entretenimiento era sobrepasar los abundantes camiones. Al desviar por la RN 60 el panorama se desertificò tanto en tràfico como en paisaje. Me sentì al portal de una ruta para aventureros, con largos tramos en subidas y bajadas, se ven autos con equipajes que se nota que como nosotros no son de la zona; con algunos somos como camaradas de la ruta: cuando ellos paraban a descansar en algùn lado, nosotros nos adelantàbamos, y viceversa. La ruta estaba buena ademàs de solitaria, el clima caluroso me desubicaba porque fui mentalmente preparado para resistir el frìo. Ansiosos por el avance no nos detuvimos a almorzar, pero el apetito nos alcanzò en Frìas. Entramos a la ciudad para comprar algùn tentempiè que consumirìamos en una plaza.

Al bajarme de la ruta al ritmo del pueblo, tardè en adaptarme a la modalidad desprolija de sus conductores, por lo que en una maniobra no muy polèmica casi nos chocan. Me costò el gratuito insulto de un santiagueño “que no se adaptò a mi ritmo de ruta”. Pero como entre muchos oficios instantàneos de los que me valgo para sobrevivir, disimulè proponièndome ser un buen sapo de otro pozo. El tràfico era un infierno de motos anàrquicas, hasta con conductores menores de edad, los audaces vehículos a veces estorbaban o habìa que adivinar sus maniobras, pero lo mas gracioso era que los que esperaban detràs siempre estaban apurados…¿al final? En adelante tendrìa que prestar atenciòn y conducir a la defensiva, porque cuando uno hace cosas mal en lugar ajeno, ojito que es ràpidamente juzgado y condenado a un maltrato verbal, ya que los lugareños no admiten competencia.

Pensando que tal vez serìamos esperados o bien recibidos, enviè un mensaje de texto a la señora con quien apalabramos la casa a la que llegaríamos en Simoca, para anunciarle el pronto arribo, todavìa estoy esperando la respuesta.

Ni bien pusimos ruedas en territorio tucumano, el paisaje pareciò humidificarse repentinamente, cruzado por anchos cursos de agua. Ahora llevàbamos un ritmo domèstico, porque estàbamos en una zona productiva hilvanada por la RN 157, adonde el viajero “de lejos” se entrevera con los lugareños. Mejor asì, no sea cosa que tenga que adaptarme de sopetòn como en Frìas.

Alvaro